Tu víctima interna es esa voz que se aferra a las injusticias, reales o imaginadas, y que te susurra: “pobre de mí”. Tiene algo de mártir: se siente perseguida, incomprendida y maltratada, y tiende a quedarse atrapada en lo que duele sin encontrar salida.
Por dentro, se queja en silencio; por fuera, a veces explota con críticas o dramatiza situaciones. Cuando alguien te ofrece soluciones prácticas, suele ofenderse porque en realidad no busca resolver, sino confirmar la herida.
Se siente sola incluso rodeada de personas cercanas y, en los momentos de tensión, tiende a rendirse, retraerse o derrumbarse.
Lo que quizás no notas del todo es cómo esta dinámica te empequeñece, te resta poder y te encadena a un estado de impotencia constante.
¿Cómo puede estar interviniendo tu víctima interna en el día a día de tu negocio sin que apenas te des cuenta?
🪆Pasas mucho tiempo comparándote y sintiendo que otras tienen más suerte que tú.
🪆Te resulta difícil reconocer tus logros porque siempre ves lo que falta o lo injusto de tu situación.
🪆Te sientes sola en tu camino emprendedor, incluso rodeada de personas.
🪆Te cuesta recibir feedback o críticas sin vivirlas como un ataque personal.
🪆Ante un obstáculo, tiendes a enfocarte en lo que duele más que en buscar alternativas.
🪆Te desgastas en quejas internas que no conducen a soluciones reales.
🪆Te frustras con clientes, colaboradoras o circunstancias, sintiendo que siempre te toca lo más difícil.
🪆Te paralizas esperando que alguien venga a “rescatarte”.
🪆Sientes envidia de quienes avanzan más rápido y eso deteriora tu confianza.
🪆Te resulta complicado sostener el liderazgo y la visión a largo plazo de tu negocio porque una parte de ti prefiere rendirse.
🪆Inviertes mucha energía en el drama y poca en la acción que de verdad te acercaría a lo que deseas.
🪆Vives más tiempo en la sensación de injusticia que en la creación de oportunidades.
🪆Te cuesta disfrutar del camino porque siempre estás enfocada en lo que no funciona.